La educación española
La educación en España siempre ha sido un tema muy polémico, y muchas veces no podemos evitar juzgar la calidad de los institutos y colegios de nuestro país. Algunas veces culpamos a los profesores, otras a los libros y otras muchas al sistema educativo, la cuestión es culpar a alguien.
Si bien es verdad que la educación en España no es mala, tampoco se encuentra entre las mejores del mundo. Es más, esto lo podemos comprobar después en la gente durante el día a día, o incluso en las redes sociales: generalmente, es muy fácil encontrarte con personas que tienen muy poca cultura general. Ya sea porque el sistema no es el adecuado o porque los estudiantes no saben aprovecharlo, está claro que la educación en España no es eficiente.
En mi opinión el problema no se centra en que “se enseñan cosas inútiles”, como dicen muchos; sino que el problema está en que no se enseña a aprender, a estudiar. Más de una vez me he encontrado perdida con alguna asignatura porque no sé cómo estudiarla, ¿será necesario memorizar? ¿hago esquemas o subrayo? (aunque es curioso, porque los alumnos no sabemos hacer buenos esquemas o acabamos subrayando todo el libro en amarillo fosforito). Al final acabas viendo vídeos en YouTube sobre técnicas de estudio que no sabes si funcionarán. Dicho esto, podemos situar el problema desde muy pequeños, desde primaria: no sabemos estudiar.
Otro problema podría ser el horario. En países como Finlandia, cuya educación se califica como una de las más eficientes del mundo, sólo hay cinco horas de clase al día, y entre cada clase, un descanso de varios minutos. Por el contrario, en España tenemos muchas asignaturas diarias y sucesivas. Por ejemplo, tengo filosofía durante una hora y nada más terminar empieza matemáticas; cuando estás intentando entender a Descartes, eres interrumpido por ecuaciones de segundo grado, es decir, ni procesas la información recibida, ni estás fresco para la hora siguiente.
Por último, pienso que deberíamos aprovechar las nuevas tecnologías para la educación. Los alumnos no son conscientes de la cantidad de opciones que nos proporcionan los móviles e internet, no saben sacarle a estos más utilidad que publicar selfies o ver “memes de gatitos” en Instagram.
En conclusión, no es que la educación sea mala, sino que hay que saber administrarla adecuadamente para que sea totalmente eficiente. Al fin y al cabo, tenemos otros países para tomar de ejemplo.
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