Cambios que tapan defectos
¿Cómo se está escogiendo a los profesores?
Las famosas oposiciones son siempre un tema candente, pues muchos opinan como yo: este sistema está obsoleto. Y no solo eso, sino que llega a ser completamente ridículo. Los opositores se enfrentan a unos exámenes con un temario extensísimo y memorístico, en su mayoría, en el que los temas de los que se examinan salen al azar, con una bola de la suerte.
El problema con esto es bastante simple, se examina a los futuros profesores basándose en los conocimientos que tienen de su carrera, y su capacidad de enseñar, de explicar y de motivar queda en un segundo plano.
En un aula es más probable que tengas un excelentísimo matemático que un buen profesor de matemáticas.
Además, resulta que para saber si un alumno "conoce" el temario, se les tiene que hacer unos exámenes para comprobarlo. Estos exámenes son en su mayoría muy memorísticos, no demuestran realmente si el alumno se ha enterado de algo, y, en consecuencia, se suspende.
Directamente, no deberían de ser necesarios exámenes, porque que sean necesarios significa que no tenemos la seguridad de que las clases estén funcionando. Se deberían hacer ejercicios prácticos, aplicar nuestros conocimientos a situaciones reales, hacer a los alumnos pensar y plantearles problemas, motivarlos y prepararlos para la vida; no obligarlos a tragar un temario y vomitarlo en un folio (porque tampoco ellos saben hacerlo de otra forma), o a mecanizar un proceso matemático para que sepan reproducirlo una y otra vez como robots. Todos sabemos esto, ¿no?
Desde luego, la solución NO es coger y decir "no pasa nada, los alumnos pueden pasar de curso aunque suspendan", porque si la única motivación que hay para estudiar es aprobar (lo cual es bastante triste), si da igual si apruebas o no, vamos a conseguir el efecto contrario al que buscamos.
Es decir, parece que estemos buscando que los estudiantes se vuelvan tontos, que lean menos, que se esfuercen menos, que escriban menos, y aun así pasarlos de curso.
En conclusión, se están tomando medidas inservibles (o incluso perjudiciales) para tapar los verdaderos defectos del sistema educativo. Profesores buenos siguen en el paro mientras profesores nefastos están en los institutos, desmotivando a los alumnos, porque no tienen otra cosa que hacer.
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